Una oda a la vida y a la libertad

Por en abril 30, 2020

Por Adriana Collazos, Esq. 

En época de COVID-19 y bajo el esquema de aislamiento preventivo o cuarentena, el mundo ha caído en pánico colectivo y se ha hecho más lento y consecuentemente, más pobre. Algunas empresas pequeñas, trabajadores humildes, artistas y políticos critican las medidas temporales que el Gobierno ha decretado en el último mes y medio, y aquellas que no se han logrado materializar por diversas características históricas del Estado colombiano. El Presidente, su consejo de Ministros y altos funcionarios del Estado, continúan trabajando, y han tratado de prevenir y enfrentar la crisis de la pandemia de manera eficiente. Sin embargo, las políticas públicas no son perfectas y existen algunas fallas internas y otras externas que hacen que la eficacia de las medidas y la claridad de manejo de los recursos no sean óptimas. 

Aunque las medidas parecen infalibles en teoría y el Gobierno Nacional está haciendo su mejor labor para obtener los resultados perseguidos, algunas fallas internas de implementación son la lentitud histórica de la burocracia, la incorrección de la sistematización de la información de los colombianos, la ineficacia en la actuación de los diversos niveles jerárquicos y trasversales del poder político, la carencia de información de una sola fuente central sobre potenciales medidas, la falta de responsabilidad y compromiso de los mandatarios locales, entre otras. Algunasque han tenido bastante eco y debate público, han sido los mercados en estado de descomposición que hicieron llegar a los bogotanos, la falta de entregas de auxilios por ingreso solidario, también de responsabilidad de dichos mandatarios, y las órdenes impartidas por los diversos alcaldes que parecen reñir con las del Presidente de la República. A las anteriores, se suman también las fallas externas de implementación que son, entre otras, los medios de comunicación que emiten noticias falsas o tratan de ser inquisidores en un momento en que deberían ser solidarios, las personas que sacan provecho electoral o financiero de las necesidades colectivas, y aquellos que con eslóganes populistas pretenden hacer creer a la población que las políticas adoptadas o las leyes no funcionan, pero tampoco presentan propuestas serias.

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Además, el concepto de Estado Benefactor puro de ciencia política, según el cual era el proveedor de servicios y soluciones a los problemas de la comunidad e intervenía políticamente para cumplir los fines de la sociedad, pasó a la historia por diversas razones, entre ellas, el desajuste del gasto público e ingresos, la desproporción de los recursos destinados a los diversos grupos poblacionales, las altas recaudaciones de impuestos para sostener el Estado, entre otras. Más adelante se dio paso al neoliberalismo que adoptó el manejo de la participación del Estado por las fuerzas de mercado con consecuencias como la libre competencia que resulta en un mejor servicio y la especialización. El Estado entonces disminuyó su papel de productor de bienes y servicios y se encargó de su verdadero rol como regulador de los diversos actores de la sociedad. Hoy día, estamos en unEstado Social y de Derecho, democrático per se y no hay país que tenga el dinero suficiente para asumir este el papel de Estado Benefactor y otorgue a la población subsidios, bienes y servicios indefinidamente, ni hay impuestos que lo soporten. Es decir, las medidas y los auxilios que el gobierno ha entregado por la emergencia, son temporales y no permanentes y así lo tiene que asumir la población.

Finalmente, las medidas decretadas por el gobierno se han venido cumpliendo y pacientemente, una gran mayoría de conciudadanos continuamos en aislamiento preventivo para no colapsar el sistema de salud. Se presenta una dicotomía, si bien es cierto la vida y la salud son unos de los derechos fundamentales más importantes del ser humano, no se puede olvidar, o darle una categoría inferior, al derecho a la libertad, fundamento sine quanom de todas las sociedades occidentales.

El derecho a la libertad es tan imprescindible para la sociedad moderna, que de él se desprenden el derecho al trabajo, a la igualdad, a la empresa, a la propiedad, al voto, a las religiones y demás, y se coarta o limita para la colectividad libre, tan solo en estados de excepción o “toques de queda”, tal y como lo ha hecho el gobierno colombiano y algunos otros gobiernos amigos, con la pandemia. Sin embargo, el papel natural del Estado es el de ser garante de la libertad, y es por ese rol que se han peleadograndes batallas, tales como la revolución francesa, las independencias latinoamericanas y la guerra civil americana. Confío en que el Estado tenga el conocimiento técnico y la sapiencia de saber hasta cuándo restringir este delicado derecho, pues un pueblo pobre, con hambre y sin posibilidades de trabajar, puede ser ingobernable.  

Además de lo anterior, se debe concientizar a la gente para que no sienta el temor paralizante a contagiarse del COVID-19, pues la mayoría de enfermos sobreviven. Es una realidad el alto porcentaje de contagio y de mortandad mundial, además de la posibilidad alarmante de un colapso en el sistema de salud, pero no por eso se puede detener el flujo normal de la vida cotidiana, sino que con coraje se debe enfrentar la enfermedad y recuperar, poco a poco, la economía nacional. No podemos darnos el lujo de perder lo que hemos construido hasta el momento y no se puede detener la vida, por la vida misma, pero si se pueden tener ciertas precauciones. 

Algunas de las precauciones recomendadas serían informaral pueblo que hasta tanto se tenga la vacuna correspondiente,le dé la importancia al distanciamiento social y a las medidas sanitarias impuestas por el Gobierno. De acuerdo con el criterio de expertos, ir abriendo los diversos negocios, mantener los colegios cerrados hasta nueva orden, para proteger a nuestros niños y recomendar a los ancianos que salgan lo menos posible de sus casas.

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Diversidad de países del mundo están abriendo sus mercados y Colombia no puede ser la excepción, pues como Estado Social de Derecho con economía liberal, debe continuar su jornada. Nuevamente respetando al otro, el Estado no solodebe pensar en quienes tienen como alimentarse durante el aislamiento preventivo, sino en quienes no; en los empleados de las grandes empresas y sus propietarios, sino en los empleados de los pequeños negocios y sus dueños; en quienes tienen suficiente, y en las personas que se ganan el día a día; en los trabajadores no formales y en las empresas en sí mismas. 

Si bien es cierto que estamos enfrentados a un virus que no tiene vacuna, no tenemos por qué confundir al enemigo ni buscar culpables, ni convertirnos en dos bandos distintoscuando todos queremos lo mismo: libertad, salud y vida. Libertad para trabajar y tener empresa y así traer el pan de cada día y vivir tranquilos, y salud y vida para disfrutar las cosas que el mundo tiene para ofrecernos. Es decir, no se debe alimentar la puja entre quienes quieren vivir y quienes quieren vivir, y no se trata de elegir entre cual mal es menos peor, si morir de hambre o morir del virus. Hay que pensar cómo se pueden convenir los intereses de todos y entender que no es una discrepancia de fines, sino de formas. 

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