Proceso de reconstrucción de Unicauca duró siete años

Por en agosto 2, 2013
fotos recons unicauca (26)

Falta de mantenimiento de techos facilitaron derrumbe de edificaciones de la Alma Mater caucana.

Por: Aura Isabel Olano

El mismo día del terremoto del 31 de marzo de 1983 alrededor de 20 profesores de la facultad de Ingeniería Civil de la Universidad del Cauca, se organizaron en torno a lo que denominaron la oficina de ingeniería, con el fin de aportarle a la institución las rutas que se debían seguir para reconstruir sus sedes. Empezaron a trabajar en los edificios menos afectados por el sismo, especialmente los del sector de Tulcán.

El entonces rector, Edgar Penagos Casas, gestionó a través del gobierno nacional un crédito con el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, para proyectar la universidad, reconstruirla y reequiparla. El empréstito se obtuvo por US$ 23 millones, el 70% del Banco Interamericano y el restante 30% de aportes del gobierno nacional.

De ese grupo de profesores, el rector Penagos Casas designó al ingeniero Hugo Cosme Vargas, para que organizara la oficina de Reconstrucción de la Universidad. Hoy, 30 años después, el ingeniero Cosme, es el vicerrector de Investigaciones de Unicauca.

El primero de junio de 1983 este profesional asumió el manejo de la oficina de Planeación de la institución, y al mes siguiente, la de Reconstrucción, la cual pronto comenzó a crecer y fueron contratados ingenieros locales, pues los profesores debían volver a la academia y normalizar esta actividad. El proceso duró siete años, al cabo de los cuales la Oficina de Reconstrucción hizo entrega el 31 de diciembre de 1989 a Popayán, al Departamento y a la Nación, de las sedes de la Universidad reconstruidas y reequipadas.

De los US$ 23 millones, aproximadamente la mitad correspondió a la obra física de reconstrucción y la otra mitad al reequipamiento. Recuerda el directivo Cosme Vargas, que para ese entonces la Universidad tenía 47.000 metros cuadrados de área física construida, tanto en Tulcán como en el sector histórico de Popayán, los que se convirtieron en 72.000 metros cuadros, gracias a la buena administración de esos recursos, que estaban destinados solo para reconstruir el metraje inicial. “Ahí fue cuando apareció el Claustro de El Carmen, donde funcionaba el colegio de las Franciscanas, que para ese entonces era del Departamento del Cauca y pasó a la jurisdicción de la Universidad, que lo restauró.

Reconstrucción Universidad del Cauca

Reconstrucción Universidad del Cauca

Sedes reconstruidas
En el sector histórico fueron reconstruidas la antigua casona de Torres, frente al Banco de la República, hoy facultad de Música; el Archivo Histórico, el Panteón de los Próceres, la Casa Mosquera, el Claustro de Santo Domingo, que es la insignia de la Universidad del Cauca; el Claustro de El Carmen, la antigua Caja de Previsión, el conservatorio, enseguida de lo que hoy se conoce como Casa Rosada, o casa de posgrados. En la urbanización Caldas se intervino el edificio en donde hoy funciona la sede de la vicerrectoría de investigaciones. Igualmente, en Tulcán se repararon los edificios de servicios generales, las sedes de las facultades de Ingeniería Civil, Electrónica, Ciencias de la Salud, Ciencias Naturales, Exactas y de la Educación. Se le quiso dar una visión moderna a la universidad y se construyó el Centro de Informática, que hoy es una de las sedes más grandes de la institución, en donde funcionan la biblioteca, la emisora y el área de sistemas.

Se construyó un puente peatonal, quizás el primero en Popayán, para conectar este complejo con el edificio de laboratorios. En las instalaciones del antiguo Museo de Historia Natural, se construyeron los talleres y servicios de la institución.
Según el ingeniero Hugo Cosme, paradójicamente, esa fue la oportunidad que tuvo la universidad para actualizar sus laboratorios.

Ing. Hugo Cosme Vargas, exdirector de la Oficina de reconstrucción de la Universidad del Cauca

Ing. Hugo Cosme Vargas, exdirector de la Oficina de reconstrucción de la Universidad del Cauca

L.C. ¿Cuántos estudiantes tenía la universidad para la época del terremoto?
H.C.V. Alrededor de siete mil, hoy tiene 15 mil. En 30 años, como universidad pública, su crecimiento ha debido ser mayor y generar muchos más programas de pregrado, más oferta para los estudiantes. Hay que recuperar esa dinámica.

L.C. ¿Con qué recursos?
H.C.V. Con recursos de regalías que por primera vez se están redistribuyendo en todos los departamentos de Colombia. La Universidad presentó importantes proyectos de investigación y tenemos asignados para este 2013 alrededor de $55 mil millones.

Esa cuantía es del tamaño de la que se consiguió en 1983 para la reconstrucción de las sedes de la universidad y su equipamiento. Es decir, que si traemos a valor presente los US$ 23 millones, serían $50 mil millones. Tenemos la feliz oportunidad de continuar creciendo, y sobre todo, con proyectos de investigación se pueden conseguir equipos modernos que van a alimentar los laboratorios para los estudiantes. Los modernos equipos de 1983 hoy son obsoletos, porque la universidad no pudo mantener ese ritmo de inversión.

L.C. Guarda usted el documento en el cual dejó consignado el proceso de reconstrucción de Unicauca?
H.C.V. Aquí lo tengo. Lo escribí cuando se desmontó la Oficina de Reconstrucción. Quise dejar consignado todo el proceso que se hizo, aparecen los planos de los edificios más importantes de la universidad; como eran antes de la restauración y cómo quedaron luego de ese proceso. Están las cifras de lo que costó, la gente que intervino, cuyos nombres se imprimieron en la carátula del informe, a manera de cuadro de honor, fueron 150 personas. Al comienzo éramos la secretaria Alba Yáñez y yo.

Reconstrucción Unicauca

Reconstrucción Unicauca

L.C. ¿En dónde comenzó la oficina a funcionar?
H.C.V. La primera oficina fue en los derrumbados claustros de lo que era la Caja de Previsión de la Universidad, hoy Unidad de Salud. Allí nos acomodamos, sin saber cómo íbamos a continuar, porque el desastre era muy grande; las instalaciones de la universidad se afectaron en un 70%. Como lo más afectado fue el centro de la ciudad, quisimos que la oficina estuviera en ese sector para enviar un mensaje a la comunidad payanesa, a Colombia y al mundo, en el sentido de que era todo lo contrario de lo que en ese momento un consejero presidencial quería: trasladar toda la Universidad del Cauca a Tulcán. Nos opusimos y nos propusimos demostrar que sí se podía restaurar el centro, que se podía regresar a él, que se podían aplicar criterios de ingeniería modernos: vigas de concreto reforzado, que no se ven. Todos los edificios de la Universidad las tienen hoy, como también losas de concreto reforzado. Pudimos combinar la seguridad estructural con la restauración. Después nos trasladamos a una de las alas de la casa Torres, frente al banco de la República, porque es de un solo piso. Nadie sabía por dónde comenzar la reconstrucción, ni siquiera nosotros, los profesores de ingeniería, porque se trataba de materiales que no eran los de los últimos años, sino tapia pisada, adobe, bahareque y piedras talladas, que estructuralmente la ingeniería había dejado hacía muchos años.

Por eso empezamos por esa casona y lo pudimos hacer: el 11 de noviembre de 1983, cumpleaños de la Universidad, inauguramos un sector de la casona de Torres, en donde fue la primera sede oficial de la Oficina de Reconstrucción de la Unicauca. Demostramos que se podían combinar la tapia pisada con las vigas de concreto reforzado que amarraban las edificaciones arriba y que se necesitaban desde el punto de la sismo resistencia.

L.C.¿Cuántos años duró la reconstrucción de las sedes de Unicauca?
H.C.V. Comenzamos el mismo día del terremoto y el 31 de diciembre de 1989, antes de 7 años, quedó la Universidad funcionando normalmente, ampliada y reequipada. Pelamos todos los muros de los claustros e hicimos un levantamiento milimétrico de cada uno de ellos, grieta por grieta, ahí está el testimonio de cómo quedaron al momento del terremoto, y con base en eso, empezamos a hacer los refuerzos estructurales.

Se dejaron unos vestigios en los muros, precisamente de los materiales de que están hechos, para que las distintas generaciones se dieran cuenta de que esos muros mantienen materiales de 1736 que fue cuando hubo un gran terremoto que acabó con la ciudad, y prácticamente la mayoría de edificaciones que hay en el sector histórico son posteriores a ese terremoto.

L.C. ¿Para la reconstrucción de los edificios del sector histórico, investigaron acerca de los terremotos que han sacudido a Popayán?
H.C.V. Sí. Esa fue la primera inquietud. Los terremotos en Popayán se han producido de manera secuencial desde la época de la colonia. Entre los últimos grandes sismos de 1736, 1827, 1906 y 1983 hay 60 y 80 años, aproximadamente.

Debemos aceptar que tenemos fallas geológicas en la ciudad y que en cualquier momento se vuelven a mover, y con un milímetro que lo hagan es suficiente para que causen problemas, porque este último terremoto tuvo 15 kilómetros de profundidad, que es muy poco, hablando geológicamente.

También conocimos la historia de los edificios, especialmente del centro y nos dimos cuenta de que con el correr de los años muchas veces las nuevas generaciones se encargan de dañar los criterios estructurales que nuestros antepasados manejaron. Encontramos baños incrustados en los muros, cuando eran muros estructurales, no muros de cerramiento. El mensaje a las nuevas y futuras generaciones, es que tengan respeto por esos materiales, por los edificios, que no traten de modificar los criterios arquitectónicos y estructurales, que en este caso estuvieron combinados para logar estas edificaciones nuevas.
Las subdivisiones que con el tiempo les hicieron a las casas antiguas del sector histórico hicieron daño.

L.C. ¿Ese fue el mayor daño y causante principal del derrumbe de las edificaciones?
H.C.V. El mayor daño que se produjo en el sector histórico, se ocasionó por los techos, construidos de madera, hacía muchísimos años. Debido a que esas cubiertas estaban en los segundos pisos, inaccesibles, los propietarios no les hacían mantenimiento, y el comején, que abunda en Popayán, los debilitó. En el primer instante de ese sacudón del 31 de marzo, lo primero en desplomarse fueron los techos, que estaban amarrando los muros de los segundos pisos, por lo tanto quedaron sin amarre y fueron los más afectados. Por ahí comenzó el problema de la ciudad, por la falta de mantenimiento de los techos.

L.C. ¿Las normas de sismo resistencia se le deben al terremoto de Popayán?
H.C.V. Nunca se había visto en Colombia un daño tan grande en una ciudad capital. El terremoto de Popayán de 1983 fue un campanazo de alerta, puesto que quedó en evidencia la necesidad de introducir normas de sismo resistencia, como efectivamente se hizo; en 1998 entró en vigor la primera Ley, y otra versión actualizada en 2010. Luego del sismo, Popayán fue el primer municipio en Colombia en efectuar un proyecto de microzonificación sísmica.

Recientemente la Universidad de Los Andes efectuó otro, más avanzado que el primero, que la Alcaldía de Popayán debe divulgar, para que se sepa, entre otras cosas, en qué sitios de la ciudad se debe construir, dónde se amplifica más la onda sísmica en un determinado momento, eso va de la mano del tipo de suelo y del número de pisos que tenga la edificación. Podemos decir que el terremoto de Popayán fue el detonante para que la ingeniería colombiana empezara a pensar en que era necesario dictar normas de sismo resistencia en Colombia.

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