Izquierda política

Por en noviembre 29, 2017
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Por Juan Francisco Muñoz Olano

En su discurso presidencial ante el Congreso, el gobernante insistía, como quien fuese el mejor representante de una izquierda social-demócrata, en brindar un asistencialismo permanente para la mayoría de la población colombiana, vía subsidios por Acción Social y accesos perpetuos al régimen subsidiado. De manera similar a las políticas de asistencia social venezolanas llevadas a cabo durante tantos años por el fallecido caudillo Hugo Chávez Frías, el gobernante colombiano usaba su mano izquierda para repartir capital del Estado que respondiera a las necesidades de igualdad, sin generar un solo nuevo empleo, o hacer más competitiva a la economía que debería sostener a futuro las demandas en incremento de una población.

El gobernante en cuestión es nada menos que el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, quien desde su discurso de instalación del Congreso en el año 2006, proponía explícitamente una política de lo que podría denominarse de izquierda, con una cobertura Estatal nada despreciable de 50 mil familias guardabosques, 300 mil familias rurales pobres y 100 mil ancianos indigentes. Uribe diseñó y ejecutó una política de considerable inflexibilidad económica y social, ampliamente cuestionada por expertos económicos que han resaltado la inutilidad de esos programas, no solo para promover una verdadera igualdad social, sino también para mejorar las condiciones de vida reales de sus beneficiarios. Desde entonces, no es la economía política, o la discusión ideológica el razonamiento para justificar este tipo de iniciativas, sino solo las razones politiqueras. Los subsidios condicionados dan votos.

Resulta entonces paradójico el valor real frente al valor especulativo de términos como izquierda política y derecha política. Dos expresiones de relevancia actual por cuanto un número no pequeño de votantes parecen confundidos al aprobar o desaprobar a candidatos presidenciales para el 2018, solo por sus aparentes apellidos de “izquierda” o de “derecha”. Y es que mientras el valor real de estos términos se deprecia, por cuenta de generar poco interés el que se esclarezcan y se usen con precisión, su valor especulativo aumenta.

Sin duda alguna, para muchos votantes colombianos la izquierda significa eso que el también ex presidente colombiano Laureano Gómez, quiso dar a entender era la anarquía social y económica alentada por quienes promovían el comunismo estalinista.

Por esta clase de interpretaciones, muchos creen, sin pruebas y con una suspicacia exagerada, que los partidos políticos autodenominados de izquierda o de izquierdas, tienen alguna relación o simpatía con la izquierda revolucionaria y marxista que representó el grupo guerrillero FARC durante tantos años. No obstante, la izquierda social demócrata, representada en Colombia por el Polo Democrático Alternativo, no surge del proyecto de izquierda revolucionaria de las FARC. Por el contrario, las políticas de asistencialismo uribista sean tal vez, tan de izquierda, como hemos supuesto sería un gobierno del Polo Democrático. Y es que las supuestas diferencias que defienden quienes ven a la política con maniqueísmo, resalten precisamente por ser especulativas y no reales, construidas a fuerza no de discusiones ideológicas serias, ni mucho menos por diferencias probadas y suficientes en las formas de gobierno. Más bien, distinciones hechas a fuerza de una oposición claramente retórica y gaseosa a todo aquello que se considerara relacionado con las guerrillas.

Así, tal vez pocos votantes sepan que el origen del término izquierda política no tiene realmente mucho que ver, ni con las ideas marxistas, o bolcheviques, ni con la nacionalización de bancos y empresas, como tampoco con las ideas de querer regular al libre mercado o a las peligrosas relaciones de políticos con líderes y corporaciones empresariales. De hecho, fue en la votación que tuvo lugar el 14 de Julio de 1789 en la Asamblea Nacional Constituyente surgida en la Revolución Francesa, cuando ante la urgencia de decidir el veto absoluto del rey a las leyes aprobadas por la Asamblea Legislativa, sucedió que unos diputados franceses aprobaban tal resolución, situándose a la derecha del monarca, mientras que los diputados que reprobaban tales facultades ilimitadas del rey, se ubicaban a su izquierda. El poder dado en oponerse a cualquier progreso real o planteado desde la democracia diferenciaría a las personas y a las sociedades desde ese entonces, hasta nuestros tiempos. Pero no definiría similitudes o diferencias políticas tan claramente.

Pocos términos logran tener tanto efecto en una sociedad. La izquierda política sobresale de entre muchas vaguedades, por encender los imaginarios más contradictorios. Su uso ubicuo y la generosidad con la que tantos intercambian sus posibles significados, parece solo proporcional al desconocimiento de sus usos más adecuados, que con precisión permitieran solventar la paradoja dada en emplear tanto un término que de hecho se desconoce casi por completo. Así, la política tal vez no sea realmente un enfrentamiento entre los de “derecha” y los de “izquierda”. Y mucho menos, el estado real de nuestra sociedad colombiana sea el del caos, requiriendo de una “mano dura”.

Pero la psicología de políticos, y sus electores, tal vez sí resalte por mostrar una diferencia entre los ánimos reaccionarios de quienes insisten en siempre estar viviendo los momentos más convulsionados de su época, y quienes saben reconocer, con tranquilidad y ecuanimidad, que las sociedades modernas se construyen evidenciando los progresos morales, sociales y económicos actuales, así todavía vivamos tantas injusticias, desequilibrios e incertidumbres.

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